El mordisco del conejo
Las orejas asomaron desde el primer día. Eran largas: largas las esperas, largas las reuniones,
largas lo que se pretendía darnos en medio de las maniobras. Largas, mientras nos decían que
iban a escucharnos, en realidad solo pretendían distraer a la opinión pública. La cola era de
conejo. Primero trataron de dividir la coalición del No, intentaron fragmentarla para que
todos de manera individual tuvieran que hacerles cola. Trataban de poner a Uribe de último
en la cola, de decir que era solo una fracción insignificante del No.
Todos sabíamos que vendría el mordisco. Era de esperarse, Santos vanidoso y soberbio,
jamás quiso aceptar que perdió el plebiscito y mucho menos su obligación de acatar el
resultado y concretarlo en la negociación. Hizo lo que muchos temíamos; embolató al No con
reuniones y palabras, y salió con el discurso falaz de inclusión. El mordisco pretende
arrebatarle a las mayorías su victoria. Hubo una decisión democrática obtenida pese a todas
las trampas diseñadas para impedirla. La decisión fue rechazar esos acuerdos, esos mismos
que hoy nos imponen.
El Gobierno que no quiso avanzar en un acuerdo nacional, que no quiso representar a los
sectores del No, que no quiso negociar lo que los colombianos en mayoría exigimos;
simplemente pretende eliminar de la discusión a esa mayoría. El mecanismo para hacerlo es
sencillo, escoger un escenario donde las mayorías sean suyas, sumisas aunque no
representativas de los colombianos. Podría haber sido los cabildos en concejos y asambleas, o
el congreso. La elección del Congreso sospecho que se da por presiones de los propios
congresistas que se ven a sí mismos con la posibilidad de posar de próceres en estas
discusiones.
El Congreso fue derrotado en el plebiscito más del 80% de los congresistas estaban y
trabajaron en la campaña del Sí, y perdieron. Ahora se alían con el gobierno no solo para
desconocer la decisión democrática sino para aplastarla. Es arbitrario y es inconstitucional. El
congreso no tiene la facultad de hacer una nueva constitución y todo un nuevo aparato
normativo. La teoría de la sustitución de la Constitución expresada por la Corte Constitucional
sostiene que el contrato fundacional de la sociedad debe estar hecho por el constituyente
primario: el pueblo a través de una asamblea nacional constituyente. El congreso puede
modificar asuntos, pero nada sustancial.
Los acuerdos de la Habana son mucho más que pequeñas modificaciones. Son un nuevo
estado de cosas y una nueva constitución. Si el Congreso quiere refrendarlos se requiere un
nuevo congreso. Qué citen a elecciones en enero, y que los colombianos elijamos a quienes
consideremos que representan nuestra manera de pensar sobre estos acuerdos. Hoy –pese a
que me he opuesto todos estos años- creo que convendría una constituyente a voto limpio que
nos permita una discusión entre fuerzas representativas.
Este gobierno nos robo la presidencia de Oscar Iván Zuluaga a través de la infiltración de
hackers en su campaña pagados por la DNI, y ahora quiere robarse la victoria del No a través
de un congreso que no representa el sentimiento de los colombianos en lo que tiene que ver
con los acuerdos. Colombianos, en defensa de nuestra democracia pidamos: refrendación
popular o elecciones o constituyente. Colombia es de los colombianos.
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