Nos comió la violencia
No son solo las bombas, no son solo los drones derribando helicópteros, o las extorsiones, ni solo los secuestros. Mataron a Miguel que se convierte en el símbolo de esta época, la de la Paz total.
Empezó con el llamado pacto de la Picota
donde aliados del entonces candidato Petro visitaron cárceles
ofreciendo impunidad. La promesa de abandonar la persecución al crimen
se sintió venir desde el inicio del gobierno. Bastó el anuncio de la Paz
total para que empezaran a levantar órdenes de captura no sólo de
guerrilleros, sino narcos, puros y duros.
Vinieron entonces los
golpes a la fuerza pública. Nombró un ministro que había sido un severo
actor político contra la fuerza pública (Iván Velázquez). Desde el
principio le “sobró” plata: devolvió recursos de la fuerza pública, de
una vez la dejó desfinanciada. Sacaron más de 70 generales y todas las
fuerzas disminuyeron el pie de fuerza.
Muchas aeronaves están
varadas, dejaron de repararse (no había ni hay presupuesto). Las tropas
recibieron extrañas instrucciones de no actuar sobre aquellos grupos con
los que había “diálogos”, lo que en términos reales fue replegarlos en
los cuarteles.
Y la cosa no paró ahí. La política antidrogas se
acabó. No hubo erradicación, ni fumigación, ni destrucción de
laboratorios ni de insumos químicos. Las incautaciones son las más bajas
de la década. Los ingresos de los ilegales son enormes, exportan el 70%
de la cocaína del mundo. Se dice que ese negocio ya superó las
exportaciones de petróleo.
Sugieren algunos que alguien
despierte a Petro, y creo que quienes debemos despertar somos nosotros.
Hoy estamos ante un gobierno que entregó el territorio a los violentos.
Existe el antecedente de una conversación con ellos para ganar las
elecciones. ¿Existe un acuerdo nuevo para ganar las elecciones que
vienen?
Según la Defensoría hay 790 municipios bajo el control
criminal y con riesgo electoral. Algunos sospechan que esta será la
excusa con la que buscarán aplazar las elecciones o imponer una
constituyente a través de un decreto de emergencia.
Lo cierto
es que la política hoy está replegada. Amplias zonas del país están
excluidas de la posibilidad de giras para muchos partidos. Curiosamente
allá llegan los amigos de Petro.
El nuevo candidato del Petrismo
es el senador Cepeda. Aquel que hace pocos años defendía a Iván Márquez
y a Santrich, y que con la teoría del entrampamiento obstruyó su
extradición. El par de defendidos fundaron la Nueva Marquetalia. Esa
organización es hoy la principal sospechosa del asesinato de Miguel
Uribe. Iván Cepeda es también quien recorrió las cárceles buscando
testimonios contra el Presidente Uribe. Por eso, el Presidente tuvo que
denunciarlo.
Para rematar ahora Petro parece tener un acuerdo
con el dictador Maduro. No solo quería comprarle el petróleo y el gas
(que nos prohibió explorar de nuestro propio suelo), sino que habla de
una zona binacional. Un pacto con el régimen que protege y convive con
la Nueva Marquetalia y con el ELN; los masacradores del Catatumbo. Y no
contento con eso, ordena a las Fuerzas Armadas de Colombia -una nación
democrática- que protejan al dictador, investigado formalmente por la
Corte Penal Internacional por delitos de lesa humanidad. El dictador que
usurpó las elecciones en Venezuela y que, como hemos dicho, es socio
del narcotráfico y las guerrillas narcoterroristas.
Colombia
afronta una situación de severa crisis. Es el deber de los demócratas
observar y tomar acciones para detener la hecatombe. Todas las fuerzas
políticas -ajenas al Petrismo- deben trabajar coordinadamente para
construir un proyecto de país realizable, serio y con sentido social.
Requerimos una profunda transformación y sobre todo un nuevo rumbo.
Debemos estar unidos, firmes, con visión de futuro y capacidad para
producir resultados. Colombia no cae.
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