El presupuesto del saqueo
¡Colombianos, abran bien los ojos! El Congreso, en una sesión exprés y sin pudor, aprobó el Presupuesto General de la Nación (PGN) para 2026 por $546,9 billones. No es para el progreso: es un cheque en blanco para el despilfarro. El gasto de funcionamiento se infla 9,1% hasta $359,3 billones –sueldos, oficinas y caprichos–, mientras la inversión pública crece una décima parte 0,9% a $84,7 billones. El servicio de la deuda devora el 19% ($102,4 billones) por errores pasados y el desastre actual.
Petro le recorta al sector de Deporte y
Recreación 36,3% ($170 mil millones menos). ¿Adiós a deportistas
olímpicos y a escenarios juveniles? Le quita a Agricultura 26% ($1,3
billones menos) -y eso que tanto habla de los campesinos-; se le olvida
que el agro representa el 7% del PIB. Reduce Vivienda en 17% ($1,5
billones menos), en un contexto de dos años de caída del PIB de
construcción: -3,5%.
En medio de esta crisis de seguridad Petro
decidió no aumentar siquiera lo correspondiente al IPC en el gasto de
seguridad. Es decir, también recorta la seguridad.
Petro
pretende gastar lo que no tiene. Al presupuesto le faltan $16 billones
–o hasta $29,4 billones reales–. ¿Solución? Imponer una nueva reforma
tributaria que nos exprimirá hasta el último peso.
La otra
alternativa es endeudarse más, lo cual ya es absolutamente
irresponsable. La deuda ya es $1.138 billones (septiembre 2025), y se
suma a un déficit de $168,7 billones en un año: dos veces la inversión
de 2026. Es la deuda más alta de la historia, incluso por encima de la
pandemia, y sin COVID.
El artículo 90° del proyecto de
Presupuesto es un cheque en blanco. Cuando se levante la suspensión de
la reforma pensional, le permite a Hacienda—por simple decreto y sin
debate— mover plata del Ministerio del Trabajo al DPS para financiar el
pilar solidario. Es un “mico” que habilita redirigir fondos del ahorro
de la pensiones privadas al DPS para gastarlos en subsidios, al amparo
de la reforma pensional.
Y, claro, la plata que el Gobierno
debía aportar desde el presupuesto nacional para esos subsidios se la
gastarían en otra cosa. Es decir, terminarán apropiándose del ahorro
pensional de los colombianos: con ese ahorro pagan los subsidios que hoy
se cubren con el presupuesto, se ahorran ese gasto y liberan caja para
otros fines.
Y viene la pregunta: ¿quién y de dónde se pagará
las pensiones de quienes estaban ahorrando? Ahí se revela la crueldad de
la reforma pensional: la pagarán los jóvenes, los niños y los bebés de
Colombia. Esa deuda impagable hace muy incierto el futuro de las
pensiones sobre todo porque la población colombiana ya no está
creciendo. Eso significa que habrá muchos más viejos que jóvenes y, por
lo tanto, el esfuerzo de los jóvenes para mantenerlos será enorme.
Por
eso, demandaremos ante la Corte Constitucional por vicios de trámite
este presupuesto, como lo hicimos con la pensional. La votación en el
Senado fue sin debate, proposiciones ignoradas y presiones
inconstitucionales. Como con la reforma pensional, probaré la violación
de la ley y de la Constitución.
Pero en medio de tanto desastre
tengo la ilusión de que la nefasta reforma pensional se caiga. El
Magistrado Ibáñez, valiente protector de la Constitución y la ley,
radicó una ponencia para tumbarla, como debe ser. Es una reforma que
atropelló todo el proceso, no dio garantías a la oposición y lo peor,
tiene votos pagados con dinero de la Unidad de Riesgo. Dejar viva una
reforma producto de la corrupción y el pago de dádivas a congresistas y
que, además, violó los procedimientos, sería un acto de deslealtad a los
principios de la decencia y, sobre todo, la muerte del respeto por la
Constitución.
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