Milicias: el arma secreta
¿Las milicias de las Farc no
están incluidas en los acuerdos de la Habana? En los textos conocidos no se
mencionan. Podría pensarse que están incluidas en el término genérico
“guerrilleros”; pero parece más probable pensar que el tema quedó excluido,
pues los milicianos no son guerrilleros en sentido estricto.
Las milicias son civiles
dirigidos por el Estado Mayor. Unas con profunda formación militar y política,
en la mayoría de los casos, y otras son simples estructuras temporales para
eventos específicos –como perpetrar un atentado. Los milicianos viven por fuera
de la vida militar, tienen familias y residencia fija. Sin embargo, son un
poderoso aparato no sólo para el adoctrinamiento y reclutamiento en las
ciudades, sino para perpetrar acciones ofensivas de gran magnitud. Se infiltran
en entidades, obran como espías, organizan y proveen información.
Las milicias son la
estructura clandestina de las Farc y son poderosas y amenazadoras. Por eso
preocupa su exclusión en los acuerdos. Su peligrosidad la reconoció el propio
presidente Santos ante el Foro Mundial en Medellín. Advirtió Santos que si el
plebiscito no era aprobado él -el Presidente- tenía información para asegurar
que vendría una tremenda guerra urbana. Aquello, de ser cierto, significaría
que las Farc durante toda está negociación ha trabajado en el fortalecimiento
de sus milicias, y estaría en capacidad de trasladar la guerra rural hacia las
ciudades.
¿Si el Presidente tiene
información sobre la posibilidad de una “guerra urbana” qué excusa que las
milicias estén por fuera de lo pactado en la Habana? Las cuestiones por
resolver son múltiples: ¿las armas de las milicias serán entregadas? ¿los milicianos permanecerán en la
clandestinidad? Como nadie los conoce, ¿debemos suponer que tampoco llegarán al
tribunal de paz y por lo tanto tampoco confesarán sus crímenes para contribuir
a la verdad?
Es importante que el Gobierno
abra los ojos frente al tema de las milicias. Cada frente tiene las suyas, y
podrían convertirse en un arma poderosa para la política de las Farc o en focos
criminales. Deben identificarse y someterse a la justicia –aunque sea aquella
formal del Tribunal de paz, donde quedará al menos el nombre registrado.
Coletilla: Oyendo a los
Ministros sobre el posconflicto descubro que este Gobierno tiene el plan de
gobernar a Colombia. Quieren ir a las regiones. Hacer inversiones con alto
retorno social. Buscar mecanismos de control para las inversiones. Pretenden ejercicios
de descentralización. Todo suena bien, de inmediato surgen preguntas: ¿por qué este
gobierno pospuso el ejercicio de gobernar durante más de 6 años? ¿Es que
necesitan a las Farc para saber qué hacer? ¿Por qué creen que toda la
ineficiencia y corrupción de estos años va simplemente a desaparecer?
Lo grave del discurso –al que
le reconozco las buenas intenciones- es la falta de profundidad sobre los
escenarios que puede vivir Colombia. No hablan de la necesidad de fortalecer el
ejército para controlar el territorio, los cambios en los procesos de reinserción
para mejorar las tasas de deserción y los obstáculos de la politiquería y la
corrupción para el desarrollo local. No solo la negociación otorga impunidad y
premio, sino que su implementación ya se anuncia fallida.
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