¿El pacto de los Soles?
Muchas democracias del mundo han venido retrocediendo. Tendrá que ver con el hecho de que la democracia no la hemos luchado, sino que la heredamos.
La entrada de las redes sociales ha
alentado el populismo. Antes, esos discursos histriónicos basados en la
buena voluntad y no en la experiencia ni en los resultados, eran
filtrados y no había poco espacio para prosperar. Hoy, en cambio, a
través de las redes sociales, las excentricidad se vuelve viral, y la
ciudadanía aún no distingue entre las exageraciones que señalan los
problemas de la sociedad y las dificultades reales de resolverlas.
Lo
cierto es que hoy hay más población mundial viviendo en autocracias que
la que había hace 50 años. No es menor, lo decía Churchill, la
democracia es el peor sistema de gobierno, excepción hecha de todos los
demás. Esta tremenda frase reconoce todas las falencias de la
democracia, pero entiende que es un sistema superior a todos los demás.
Las tiranías tienen capacidad de tomar decisiones y resolver de manera
oportuna, sin embargo, el costo termina siendo siempre muy alto.
El
dictador benevolente, que algunos añoran en Latinoamérica, se ha dado
sobre todo en la imaginación. Todos los autócratas tienen una lista de
terribles violaciones de derechos humanos y destrucción de libertades
públicas. Aún aquellos resultados económicos son plausibles y cuyos
daños parecen menores se vuelven, luego, causa de profundas fracturas
sociales.
Los autócratas pueden hoy llegar fácilmente, con ayuda
del populismo, a ser elegidos democráticamente. Y una vez ahí pueden
quedarse. Los hay como Chávez, carismáticos y entrenadores, y su poder
de conexión con la ciudadanía es tan grande que aún destruyéndolo todo
pueden ganar elecciones. En medio de Aló Presidente, fue logrando tomar
todos los demás poderes públicos, tensando las instituciones. Y luego
dejó su sucesor. Un dictador más ramplón y sin gracia y, sin embargo,
imposible de derrotar, aun cuando se le ganen las elecciones.
Maduro
tiene una federalización de Venezuela donde cada negocio y cada zona
están en manos de algún grupo criminal. Contribuyen al régimen
seguramente económicamente, pero sobre todo, soportan su permanencia.
Maduro es más que un dictador, es un dictador protegido por un aparato
criminal que incluye financiación del narcotráfico y mucho más. Las
guerrillas colombianas son sus aliados y lo defienden. Encontraron en
ese territorio, desde los tiempos de Chávez, no sólo albergue sino
protección. Mucho se habla de la cercanía de las Farc con Chávez, de la
protección que le ha dado el régimen antes y después de su
desmovilización. Cabe recordar como los guerrilleros desmovilizados
lograron permisos ilegales para irse a Venezuela. Cabe recordar como
Santrich y Márquez están refugiados y protegidos por Maduro.
La
extensión del control territorial de los violentos ya supera los 790
municipios del país, dice la Defensoría del Pueblo. Los grupos ilegales
no solo dominan el territorio sino que están llenos de plata, producen
el 70% de la cocaína del mundo que se mueve, mucha, por Venezuela, con
la protección y la participación del régimen en el cártel de los Soles.
La
insistencia de Petro en defender al tirano Maduro contrasta con la
realidad. Es un régimen cómplice de todos los males que asesinan a
Colombia.
No es fácil entender cómo un presidente puede defender a
un dictador. Menos aún, cómo puede defender a un dictador vinculado
abiertamente con la violencia en Colombia. Aquello nos hace sospechar de
la existencia de algún tipo de acuerdo.
La cuestión es que eso
ocurre precisamente ahora cuando estamos iniciando la campaña
presidencial. ¿Estamos ante el pacto de la Picota 2? ¿Ante el pacto de
los Soles?
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