La vergonzosa justicia de la JEP
Jamás esperé nada distinto y sin embargo, estoy sorprendida. La JEP nos cuenta que las FARC secuestraron a más de 21 mil compatriotas. No es una investigación de la JEP, son las cifras de las investigaciones de la Fiscalía, que también señalan que se ganaron $3,6 billones de pesos con esos crímenes.
La JEP reconoce que son crímenes de
lesa humanidad y que son crímenes de guerra y reciben la “máxima sanción
propia”: ocho años de trabajos restaurativos, sin un solo día de
cárcel. Búsqueda de desaparecidos, memoriales y diálogos
interculturales. ¿Eso es proporcional al sufrimiento de 21.396 víctimas,
de familias destrozadas por secuestros? Y conservan sus derechos
políticos, mientras cualquier colombiano que comete un delito queda
excluido de poder hacer política.
La JEP solo condena a los
máximos responsables –Timochenko, Catatumbo y compañía– son casi los
mismos que recibieron curules en el congreso, regaladas. No obtuvieron
ningún voto y sin embargo, han sido los votos definitivos para aprobar
las nefastas reformas de Petro. Le dieron a la izquierda mayorías
ficticias y antidemocráticas.
La JEP celebra que 41 imputados
reconozcan responsabilidad, pero ¿y los miles de guerrilleros rasos?
Libres y sin siquiera haber dejado información sobre lo que hicieron.
Esta
sentencia, de más de 600 páginas, es un monumento a la impunidad,
¿Dónde está la verdad plena? ¿Los cuerpos de los secuestrados? ¿El
dinero del narcotráfico? Nada, solo promesas vacías.
Ahora,
contrastemos con el trato a las Fuerzas Armadas. ¿Cuántos generales
están imputados en falsos positivos? Más de 100 en total, con cadenas de
mando expuestas. Pero ¿y los cabecillas guerrilleros? Solo siete por
miles de secuestros.
En el Caso 03, subcaso Costa Caribe, 12
oficiales y suboficiales –desde coroneles hasta cabos– son sancionados
por falsos positivos entre 2002 y 2005. Reconocen la “presión por
resultados” del Gobierno Uribe. ¿La sanción? Cinco a ocho años de TOAR:
construir centros culturales para pueblos indígenas como Kankuamo y
Wiwa, memoriales en Cesar y La Guajira. Estos sí con restricciones de
libertad. Lo que los ciudadanos no saben es que los militares YA
cumplieron CÁRCEL por esos falsos positivos, como debe ser. Ejemplos:
Coronel Guillermo Gutiérrez, 15 años preso; Mayor Heber Gómez, 10 años;
Mayor Efraín Andrade: 8 años; el Teniente Coronel Manuel Padilla: 12
años. Y así con 7 más. Descuentos en JEP, pero la sanción real existió y
fue cárcel, como debía ser.
Ahora bien, lo más grave aún está
por venir. Los miembros de la Fuerza Pública que se sometieron a la JEP
pero que no reconocen responsabilidad. Vale la pena decir que este fue
uno de los asuntos más importantes que logré introducir en los acuerdos
cuando se discutieron en el Congreso.
La idea de la JEP era ser
un tribunal de culpables, es decir prescindía de la presunción de
inocencia. Aquello era aceptable para los guerrilleros pues todos tenían
delitos, sin embargo era inaceptable para la fuerza pública que actúa
bajo el presupuesto de la legalidad.
En la práctica, la JEP
debería reconocer la presunción de inocencia y dar la posibilidad de un
juicio justo. Pero aquello no existe: si usted confiesa queda libre
-como los casos previamente descritos- pero si no confiesa pueden
meterlo hasta 20 años a la cárcel.
Tres coroneles que no
aceptaron, enfrentan penas de hasta 20 años. Es muy poco probable que
esos juicios sean justos. Es un diseño que equipara las fuerzas armadas y
los guerrilleros como si todos fueran delincuentes. Los hombres y
mujeres de la fuerza pública cumplían sus funciones, aquellos que
cometieron delitos y los confiesan deben pagar cárcel, como debían
pagarla las FARC. Sin embargo, aquellos que son inocentes debían tener
una instancia de juzgamiento sin sesgos, por eso en su momento
propusimos una sala especial para las Fuerzas Armadas. Infortunadamente
aquella no se aprobó, por lo que lo peor está por venir.
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