No hay peor ciego -08 de julio de 2015-
No hay peor ciego
Duele que la violencia en Colombia tenga
premio. Luego del plan pistola, de los tiros de gracia, de los múltiples
derrames de petróleo, de la voladura de torres de energía, de los petardos y
del miedo; el gobierno y los países garantes hablan de ceses bilaterales o de
desescalamiento del conflicto.
Una vez más la violencia se prueba efectiva
y eficiente. El país capitula. Nos queda claro que no hay negociación sino un
proceso extorsivo; que no hay conflicto sino terrorismo; que no hay garantes
sino alcahuetas. Las Farc altaneras sostienen que no se dejaran presionar. Los
hombres de la resistencia, esos que no conocían el miedo, los héroes; han sido
sustituidos.
Habíamos vivido ya los secuestros, el
precio de la vida de los policías y soldados; la diferencia es que hoy todo eso
es aceptable; nadie ha de impresionarse o pedir reacciones. Todo hace parte de
la negociación. Se negocia en la mesa con discurso, y cuando las palabras no
tienen el poder de imponerse, una estrategia de violencia parece fortalecerlas.
Volvemos a insistir en lo que es básico; no
se puede negociar si las Farc no hacen un cese unilateral de todas las
actividades criminales, concentrados en un puntos que permitan la verificación
y con límites temporales. Esa es la única prueba de que hay voluntad de paz. Y
no puede hablarse de un cese bilateral. No podemos simplemente abandonar a su
suerte a los ciudadanos; a las Farc no se les puede creer y aún creyéndoles,
hay otros generadores de violencia y crimen en el país que sabrían utilizar el receso
del Estado para avanzar en su consolidación y avance territorial. Ahora, y aún
después de la negociación, una vez las Farc dejen de ser terroristas –aunque
dudo que sean algo más- en Colombia seguirá habiendo Estado y seguiremos
necesitando la fuerza pública.
¿Por qué una violencia y la de las Farc son
distintas? ¿por qué sostiene el gobierno que combatir otros grupos armados, o
criminales no organizados será más fácil y efectivo? Sigo sin entenderlo.
Hablan del origen político de los crímenes que genera no sé que característica
que los hacen diferenciables y casi invencibles. Hablan de la capacidad de
sustitución, de la coordinación y de la guerra de guerrillas frente a la cual
la capacidad ofensiva del ejercito es limitada. Sin embargo, no veo que el
asunto tenga que ver con la justificación que se le otorgue a los crímenes;
tiene que ver con los infinitos recursos que genera el narcotráfico y hoy, la
minería ilegal.
Se parece a los tiempos donde Pablo Escobar
le declaró la guerra el Estado colombiano y la violencia escaló. Entonces el
país no capituló. Enfrascados, como estamos hoy, en el origen político; los
cultivos ilícitos crecen y con ellos los recursos de las Farc; el tráfico de
armas se multiplica y con ello la capacidad ofensiva de las Farc; el terrorismo
avanza y el gobierno duda, pero sostiene que la paz ya viene. Parecen los
súbditos del cuento, que ven el traje nuevo del emperador, mientras el
emperador saluda desnudo ante la mirada atónita del los niños.
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