El laberinto de confusión -12 de agosto de 2015-
El laberinto de confusión
El Gobierno de Santos es de actuar
sinuoso de manera que nadie puede saber con certeza que dice o piensa. Se
refugia en lo impreciso, se esconde en las ambigüedades y se aferra a lo
superficial. Sin importar la causa el resultado final es que el país no le
cree.
Los intentos por recuperar la imagen y la
gobernabilidad siguen el patrón ya desgastado: horas de publicidad; el
mandatario en escenarios repletos de frases que aseguran que están cumpliendo;
ministros viajando a las regiones; promesas de gigantescas inversiones para
calmar los ánimos de las promesas ya incumplidas. Insisten en que todo es culpa
de la oposición; que miente, que tergiversa, que es de mala fe, que es enemiga
de la paz y amante de la guerra. El resultado no se altera.
La nueva táctica es utilizar términos que
vienen de las propuestas uribistas sobre el proceso de la Habana, para mostrar
un falso consenso. Dijo el mandatario que la propuesta de Uribe sobre la
concentración era necesaria. Es la misma que sostuvo Uribe en su gobierno: no
se puede negociar mientras las Farc no acepten un cese unilateral de todas sus
actividades criminales, y para que no sea sólo un anuncio, se requieren puntos
de concentración. Santos, en cambio, se refiere es la concentración final; una
vez el proceso de negociación haya terminado. En le dinámica de proteger el
proceso, el gobierno hoy garantiza que puede verificar el cese unilateral sin
concentración; y claro que puede hacerlo cuando el reporte es que se está
cumpliendo, sin importar lo que suceda en realidad.
Ahora, Santos se refiere al congresito,
que fue una propuesta de Uribe a propósito de los mecanismo de refrendación de
los acuerdos. Y otra vez, lo hace desnaturalizando el sentido de la idea. El
gobierno prometió que la ultima palabra sobre el proceso de negociación lo
tendrían los colombianos a través del voto. Mucho se especuló sobre la
estrategia de aprobar el complejo texto de la Habana, bajo la formula simplista
de si quiere la paz o no. El análisis de
todo lo que se ha venido acordando requiere mucho más que una simple votación
de si o no, se requiere la posibilidad de analizar, condicionar restringir o aprobar
parcialmente; por eso se planteó la un órgano legislativo transitorio como de
las una alternativas que podrían servirle a Colombia para modular los acuerdos.
Por supuesto, un congresito refrendatario
no es, ni puede ser una constituyente. Las Farc y el Gobierno han mantenido una
negociación en secreto porque al final los colombianos, como colectivo social,
aceptaremos o no lo concertado, y la sociedad haga su propuesta final. Una vez
aquello ocurra y si son aceptados por lo menos algunos de los acuerdos, vendrán
los mecanismos de implementación. Una constituyente o un congresito donde
participen las Farc no sería una refrendación, sino parte de la implementación.
Los colombianos no podemos permitir que nuestras facultades para decidir en
última instancia sobre los acuerdos, se diluyan en ambages.
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