Gastemos; luego veremos -19 de agosto de 2015-
Gastemos; luego veremos
Desde el año pasado hemos insistido que
era necesario un ajuste fiscal mayúsculo. Las previsiones de ingresos por
petróleo y comodities eran una falaz ilusión, los precios iban a la baja y los
cálculos de los ingresos del gobierno ya para entonces estaban inflados. Por
eso la aprobación de un presupuesto desfinanciado para el 2015 era un terrible
error, debimos hacer un presupuesto preciso y un esfuerzo de reducción del ya
exagerado gasto público. Aprobado ese desfinanciado plan de gastos no quedaría
otra opción que endeudar el país, y cobrar nuevos impuestos; así está
sucediendo.
La deuda externa superó los 106 mil
millones de dólares, según las proyecciones del Banco de la Republica para el
2015. Esto representa un 32,9% del PIB,
cifra que no veíamos hace más de 10 años. En abril de 2015, la deuda del sector público era de
63,9 mil millones de dólares y el endeudamiento
privado era de 42 mil millones. De abril del año pasado a este abril, nuestra
deuda pública externa aumentó en casi 12 mil millones de dólares. La deuda en dólares, que es el 91% de la deuda externa, ha sufrido
un incremento dramático por la pérdida de valor del peso; hoy superamos los
3mil pesos por dólar. El Ministro de Hacienda ya anunció que este año nuestra
deuda aumentará 3 billones de pesos más.
La deuda pública interna también es
significativa; en lo que se refiere al Gobierno nacional alcanza 208 billones
de pesos; y según los datos del Ministerio de Hacienda, la Deuda bruta del
Gobierno nacional corresponde al 38,4% del PIB proyectado para 2015.
Las vigencias futuras son otra deuda que
se adquiere sin que sea muy notoria. Se aprueban proyectos y su financiación se
difiere para los años subsiguientes, apropiando el 15% de los recursos o sin
hacerlo, cuando son extraordinarias. Así las cosas, se inician proyectos sin
que tengamos los recursos, y esos recursos van a tener que aparecer en el
futuro.
Ahora bien, el “ajuste inteligente” que
ha propuesto el Gobierno en el presupuesto del próximo año, no es ni tan ajuste
ni tan inteligente si observamos los cambios entre el 2014 y el 2016. La plata se nos irá en empleo público, que del 2014 a este año,
crece un 39,1%; lo que excita los apetitos clientelistas. También aumenta el
gasto de relaciones exteriores en un 28,4%; lo que nos permite seguir
coqueteando con la “comunidad internacional”. Estos gastos no fomenta la
economía, mientras que asuntos cruciales como ciencia y tecnología disminuyen
28,6% y medio ambiente y desarrollo sostenible disminuyen 12,2%.
Ante la incapacidad de reducciones reales
en el gasto, nos espera una reforma tributaria dizque concertada. No veo como
un sector productivo que ya fue
exprimido, y que el año pasado pagó 76% de la utilidad operacional, pueda
aceptar más impuestos. Una carga tributaria sobre los ciudadanos podría
contraer la demanda. ¿De dónde saldrá el dinero faltante: más deuda o más
impuestos? El gobierno fue irresponsable en su manejo fiscal, y las
consecuencias apenas inician.
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