Quiero votar paz sin impunidad
El plebiscito por la paz es
tramposo; está diseñado para fingir que los ciudadanos están de acuerdo. Está
amañado, al menos en cuatro sentidos. Cualquier elección debe resguardar el
principio de la lealtad y libertad del elector, de manera que su voto exprese
lo que piensa de manera libre y directa. Este plebiscito le otorgó financiación
al “sí”. El Gobierno tiene por la ley cinco minutos gratis en radio y
televisión privada, de medios públicos y privados en horario “prime time”,
además de posibilidad de pautar en medios y utilizar recursos públicos para
ello. El “No” y la abstención tendrían que buscar los recursos en el sector
privado para hacerlo.
Tendrá además una pregunta
capciosa que será escogida por el gobierno y que pretende confundir los
acuerdos de la Habana con la paz. Es muy claro que la firma del papel no trae
paz, y el propio Gobierno reconoce que este es sólo el inicio, sin embargo
pretenden manipular una pregunta donde la diferenciación entre el acuerdo y la
paz, sea imposible. Aquello viene amarrado a una constante estigmatización de
la posición contraria que se cataloga como enemiga de la paz, y amante de la
guerra.
El interés del gobierno al
remplazar el referendo para la paz, ya aprobado, por el plebiscito es una
maniobra para evadir la jurisprudencia de la Corte Constitucional según la
cual, cuando se va cambiar la ley o la Constitución los temas deben ser
consultados asunto por asunto. Este, en mi opinión, es el fondo de la
discusión. El gobierno pretende usar la palabra paz, como anzuelo, para que los
colombianos atraídos por la promesa de la paz, voten a favor de la impunidad y
el premio a los violentos, y evitar la discusión sobre si esos acuerdos –como
están- son o no útiles para construir una sociedad pacifica.
El Gobierno así este
convencido de que este acuerdo ayuda a construir la paz, no puede garantizarlo.
La política no es una ciencia exacta, no es posible saber si una política es
conducente para un propósito con certeza absoluta. La política resuelve las
cuestiones a través de los procedimientos democráticos. Así las cosas, las
preguntas como las que están en juego,
¿un acuerdo con cero cárcel para los criminales de lesa humanidad
contribuye a la paz?; ¿puede perdonar una sociedad donde las víctimas y sus
familias van a tener que soportar ver a los victimarios convertidos en figuras
políticas?; ¿cuáles son las consecuencias para una sociedad cuando los peores
crimines se pueden perdonar cuando hay un discurso político y no logran ser
sometidos por la ley?.
Yo quiero votar: quiero votar
paz sin impunidad; pero como está configurado el mecanismo solo es posible
votar paz o guerra. Miles de colombianos estamos sin posibilidad expresar
nuestra posición al respecto. Ojalá la Corte Constitucional defienda el
principio de lealtad y libertad del los electores. Necesitamos una refrendación
que refleje la verdadera voluntad de los colombianos, que si es contraria a los
designios de este gobierno, se convierta en una directriz para que los
negociadores avancen en la negociación con el mandato, no de gobierno más
corrupto e impopular de los últimos tiempos, sino del pueblo colombiano.
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